Cirugía Plástica o Reparadora

HE VUELTO A RECONOCER MI CARA EN EL ESPEJO

 

Después de una parálisis facial, la cara cambia mucho. Eso es lógico, pero también impactante: hay que pensar que otras personas mirarán con extrañeza (e incluso con rechazo) esa expresión distorsionada.

Aunque quizás lo peor sea que la propia persona afectada no reconozca su imagen en el espejo.

 

En muchas ocasiones, la lesión del nervio facial se recupera sólo parcialmente y con secuelas. Es decir, los músculos no sólo están débiles en el lado afectado, sino que pueden encontrarse con una tensión excesiva y/o asociados entre sí de una manera anómala en gestos que no se pueden controlar.

 

Valoración del paciente con parálisis facial. 

Existen diferentes escalas para ello, aunque ninguna aceptada universalmente.

Las dos más extendidas son la de House-Brackmann y la Sunnybrook. Ambas son útiles, aunque quizás la segunda de ellas sea más sensible a los cambios clínicos.

 

Dentro de la evaluación de la expresión facial,      

Una de las ponencias se hizo especial hincapié en la sonrisa. Resulta muy interesante darse cuenta de que hay muchas formas de sonreír y, por tanto, muchas formas diferentes de afectación de la sonrisa después de una parálisis facial.

Eso hay que tenerlo en cuenta a la hora de tratar la cara después de que se haya producido una lesión del nervio facial.

Está descripto que la mayor parte de la gente siente un cierto grado de incomodidad ante una persona con parálisis facial.

Resulta llamativo es que el rechazo o incomodidad es superior en el caso de la parálisis facial respecto a personas con retraso mental, sordera, ceguera o dependiente de silla de ruedas.

Lo importante que es no sólo cómo se siente el paciente, sino cómo lo ven los demás, ya que ello repercute en el estado de ánimo de la persona con parálisis facial.

Respecto al tratamiento conservador, se hizo especial énfasis en la eficacia de la toxina botulínica para tratar las secuelas de la parálisis facial. 

Además de todo ello, la inseguridad producida después de la parálisis facial hacía que apenas sonriera para evitar que se produjera mayor asimetría durante ese gesto.

Después de la infiltración con toxina botulínica y haber aprendido cómo realizar correctamente los estiramientos de la musculatura afectada, mejoró la simetría, y disminuyó mucho ese miedo a sonreír.

Además, otra parte importante del tratamiento conservador lo constituyen las técnicas de reeducación motora.