Disfunción Sexual

A 15 años de su lanzamiento comercial, el Viagra es más popular que la aspirina. En la Argentina, se venden 34 variedades más de ese medicamento que sirve para tratar la disfunción eréctil que del clásico analgésico, si se tienen en cuenta la diversidad de marcas con el principio activo sildenafil, las dosis y las presentaciones en forma de pastillas y en caramelos. En 1998, lo comercializaba sólo el laboratorio farmacéutico que lo patentó, Pfizer. Hoy, en cambio, lo ofrecen 42 laboratorios con marcas como Segurex, Incresil y Super-O. Se debería vender sólo en farmacias y bajo receta, pero la realidad es que se vende en las farmacias sin receta en el 57% de los casos, y también se “filtra” en Internet, kioskos y albergues transitorios. El perfil del usuario es muy diferente al que se pensó: los hombres mayores de 65 años son minoría entre los compradores, ya que lo usan varones de todas las edades que creen que, con la ayuda del Viagra, tienen el “éxito” sexual asegurado.

“El Viagra fue una droga revolucionaria: cambió la historia del tratamiento de la disfunción eréctil que afecta más a hombres mayores. Es un tratamiento de primera línea para resolver el problema de no poder lograr o mantener una erección”, afirma el Dr. Adrián Helien, médico psiquiatra y especialista en educación sexual acreditado por la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana. La difusión de la existencia del medicamento hizo también que más hombres consultaran rápido. “Hace 10 años, los hombres tardaban 2 años y medio en promedio en ver a un médico. Hoy consultan antes del año”, cuenta el doctor encargado del sector medicina sexual del Hospital Durand de Capital y de la dirección del Instituto Médico Especializado (IME

Desde el día de su aprobación en los Estados Unidos –el 27 de marzo de 1998–, el Viagra se empezó a vender más y más. Según la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA), el año pasado se vendieron 3,6 millones de unidades en farmacias de nuestro país. En 2005, sólo se vendían 3 millones. Estiman en la COFA que las ventas en kioskos, hoteles e Internet sumarían otros 3 millones de unidades por año. Además, le “nacieron” competidores: el tadalafilo y el vardenafil, también para problemas de erección.

Las ventas abultadas del sildenafil se debieron a que lo usa más personas de las que realmente lo necesitan. A principios de los años noventa, se lo había pensado como un medicamento para tratar la hipertensión y la angina de pecho, pero en los ensayos con pacientes hubo un efecto inesperado: producía erecciones en varones. Entonces, Pfizer le cambió el destino y lo presentó para tratar la disfunción eréctil. Con el paso del tiempo, los usuarios fueron varones que no tenían el problema de la disfunción pero que igual lo compraban: 1 de cada 5 varones jóvenes toma el sildenafil, según reveló una encuesta realizada a 354 hombres sin disfunción eréctil que concurrieron al Hospital Durand en 2010. “Argumentaron que lo consumían porque buscaban tener mayor rigidez, duración, frecuencia y retardo eyaculatorio; para sentirse más seguros o para evitar fallas”.

En una encuesta a 20 mil personas, la consultora IMS  Health Argentina detectó que el 58 % de los compradores eran varones de entre 15 y 50 años, edades en las que generalmente no se desarrolla la disfunción eréctil.

Otro giro en la historia es que ahora también lo compran mujeres. Ellas adquieren el fármaco para sus parejas, aunque unas pocas lo compran para sí mismas porque creen que les puede provocar mejores orgasmos, algo que no está probado. No todas las mujeres ven con buenos ojos al Viagra. “Algunas lo sienten como una traición, porque piensan que el hombre no las desea. Pero sí las desea. Lo que ocurre es que no puede mantener las erecciones”, explicó Helien. Para eso, la industria sacó sildenafil en caramelos que permiten disimular el consumo frente a la pareja.

El Viagra es más que un medicamento. “Si la píldora anticonceptiva alimentó la liberación sexual de los ‘70, el Viagra estimuló un desplazamiento en la concepción de la sexualidad. Para muchos varones fue un alivio, pero el uso del fármaco sobrepasó necesidades sanitarias. Se pasó rápido del uso al abuso”.

 

La satisfacción no depende del tamaño

Hasta ahora, la pregunta de si el tamaño del pene es importante durante el acto sexual -o, más precisamente, si existe una relación directamente proporcional entre su dimensión y la satisfacción de la mujer- no había obtenido respuestas que fueran mucho más allá del nivel de una charla de café.

La buena noticia es que esas charlas contarán ahora con información científicamente validada, y que aporta una respuesta clara: no, el tamaño no importa. O, mejor dicho, el tamaño sí importa a las mujeres, pero su satisfacción sexual es independiente de la importancia que le asignan al tamaño.

"No existía hasta ahora literatura médica en la América hispana que vincule satisfacción con valores antropométricos; en este caso, la medida del pene. Hay mucho charlatanismo", comentó a LA NACION el Dr. Walter De Bonis, investigador de la División Urología del hospital Durand, principal autor del primer estudio al respecto.

Lo que el Dr. De Bonis y sus colegas hicieron fue una encuesta en unas 200 mujeres, de entre 19 y 62 años, que respondieron (en forma anónima) si el tamaño del pene era importante para su satisfacción sexual, y si ellas estaban satisfechas sexualmente. La dimensión que las encuestadas consideraban normal fue otra de las variables evaluadas.

"De las 176 mujeres que respondieron la encuesta, 115 dijeron que para ellas era importante el tamaño y 61 dijeron que no. Pero lo importante es que el 98,2% de las primeras y el 95% de las segundas dijeron estar satisfechas con su vida sexual, una diferencia que no es estadísticamente significativa.

Una medida promedio

Los investigadores tampoco hallaron diferencias entre quienes consideraban que un pene normal debe medir más de 15 centímetros durante la erección y quienes consideraban que la normalidad está por debajo de esa medida.

"El nivel de satisfacción sexual no estuvo relacionado con la percepción subjetiva acerca del tamaño que debe tener el pene", dijo Su colega De Bonis aclaró que el rango de normalidad que establecen los manuales de medicina "tiene como piso los 8 centímetros, mientras que la medida promedio son los 12 centímetros".

Por último, los investigadores preguntaron a las participantes si estaban satisfechas con el tamaño del pene de su pareja. "Fueron 127 las que dijeron estar satisfechas y 49 las que no .

Pero, de nuevo, los porcentajes de satisfacción con su vida sexual no variaron significativamente."

"Aunque más no sea una cuestión de ego en el varón y de fantasía en la mujer, si uno pregunta todos elegirán un pene más grande. Pero la realidad es que eso no influye en la satisfacción sexual", concluyó.

El sildenafil -conocido popularmente como “viagra”- revolucionó la sexualidad en la década del '90. Luego aparecieron otras drogas, como el tadalafilo y vardenafilo. Ahora se une al mercado de fármacos para el tratamiento de la disfunción eréctil una nueva alternativa, esta vez tópica: el alprostadil crema. El medicamento se aplica en forma de una gota en la punta del pene (en el meato urinario) y actúa de forma directa provocando la erección, sin necesidad de una estimulación sexual. “Consigue un efecto rápido, ya que los pacientes tienen una erección en un período corto, de 5 a 30 minutos y su efecto se mantiene por más de una hora”, señaló Ignacio Moncada, jefe del Servicio de Urología del Hospital de la Zarzuela, de España, durante la presentación del producto. Además, su aplicación local permite su uso sin interacción con las comidas o el alcohol y disminuye los efectos adversos que se observan con los medicamentos orales, como dolor de cabeza y enrojecimiento de la cara. En una revisión de estudios publicados en la revista Urology, se encontró que tiene una eficacia del 86% . La disfunción eréctil afecta a 2 millones de hombres en la Argentina. Su prevalencia se incrementa con la edad, afectando al más de 30% de los mayores de 50 años. “Se define como la incapacidad de lograr y mantener una erección suficientemente rígida para una relación sexual satisfactoria”, señaló el jefe del sector de Medicina Sexual Masculina del Hospital Durand de Buenos Aires. Las causas puede ser orgánicas (diabetes, enfermedad cardiovascular, etc), psicológicas (depresión o problemas de pareja) o ambas. PUBLICIDAD inRead invented by Teads A pesar de ser una de las disfunciones sexuales más frecuentes, junto con la eyaculación precoz, se trata de una patología infradiagnosticada y subtratada: tan sólo el 15% consulta su problema con el médico. “Existe una responsabilidad compartida. Ni los médicos preguntan por sexualidad ni los pacientes se animan a hablar de eso en la consulta, por vergüenza o porque no pueden entablar ese ida y vuelta de confianza. Es mejor reconocer la disfunción eréctil como un problema y consultar al médico”. Existen varias alternativas para el tratamiento de la disfunción eréctil: medicamentos orales, inyecciones intracavernosas, dispositivos de vacío y también implantes quirúrgicos. Esta nueva formulación del alprostadil en crema (antes estaba disponible sólo en forma de inyecciones) se adquiere en farmacias con receta médica y requiere refrigeración. (Fuente www.perfil.com)

Los números dicen que cinco de cada 10 hombres sufren disfunción eréctil entre los 40 y los 70 años. Para resolver el problema, la mayoría recurre a fármacos que se ingieren por vía oral y que garantizan altas tasas de éxito. Pero quienes tienen contraindicado su consumo, o buscar alternativas diferentes pueden optar por otros tratamientos entre los que se inscribe un procedimiento no invasivo que mejora significativamente la función hemodinámica del pene y cuyo uso crece en la Argentina. 

Está indicado en pacientes con disfunción eréctil de origen vascular causada por factores como hipertensión arterial, diabetes, trastornos con los lípidos, tabaquismo, sedentarismo u obesidad, entre otros. Se calcula que el 70% de los hombres que tienen dificultades para conseguir una erección es debido a un problema vascular. La terapia consiste en aplicar ondas de choque de baja intensidad para estimular la generación de nuevos vasos (es decir, estimular la angiogénesis).

“Es un procedimiento inocuo: realmente no duele y no tiene efectos adversos. Es corto, se hace en cuatro sesiones de 15 a 20 minutos, con resultados aceptables. Y puede aplicarse en quienes tienen contraindicados los fármacos”, comenta el   jefe de la sección de Oncología Renal y Patología Retroperitoneal del Hospital Italiano, institución que en marzo incorporó el equipo de última generación con el que se realiza esta terapia.



“Se trata de una línea terapéutica interesante porque tiene la potencialidad de mejorar el estado eréctil del paciente aumentando la microcirculación peneana. Sus principales ventajas son que es un método no invasivo que no invalida a las otras opciones terapéuticas y no posee contraindicaciones. Sólo hay que indicarlo en la población adecuada”.

Las ondas de choque de baja intensidad se aplican a través de un transductor que durante las sesiones se coloca a cada lado del pene y en la raíces. Se realiza en forma ambulatoria y, por ser indoloro, no requiere anestesia.



El índice de satisfacción ronda el 70%. Se evalúa a través de la comparación de las respuestas a un cuestionario estándar que el paciente contesta antes de someterse al tratamiento y a unos tres meses de haberlo finalizado. “Hay pacientes que mejoran mucho, otros no tanto y algunos nada”. “Por supuesto, todo dependerá de dónde partimos: si el hombre es obeso, fumador, hipertenso, sedentario será difícil que podamos ayudarlo, pero por suerte no es la generalidad”.

El ejercicio físico, un remedio contra la disfunción eréctil

Los fármacos inhibidores de la fosfodiestarasa 5 (sildenafil, tadafil y vardenafil) siguen siendo la primera línea terapéutica en la mayoría de los casos de pacientes con disfunción eréctil, salvo que lo tengan contraindicado. De todas maneras, no son excluyentes. “Hay pacientes respondedores a este tipo de tratamientos que pueden acompañarlo con este y en muchos casos no sólo mejoran la erección si no que pueden dejar de tomar las pastillas”.   A diferencia de las píldoras, esta terapia ataca la causa y no el síntoma y no obliga a programar las relaciones sexuales.

Entre las últimas novedades para el tratamiento de la disfunción eréctil se encuentran también las prótesis peneanas inflables con nuevos diseños y una cubierta de antibióticos que aumentan la respuesta funcional y cosmética de la erección, disminuyendo sensiblemente la tasa de complicaciones, en especial de infección posoperatoria. “Lo hacemos en forma ambulatoria con altísimo grado de éxito en pacientes que no responden a terapias menos invasivas”.